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La vida es el examen más difícil; la mayoría fracasa por copiar a los demás, sin darse cuenta que todos tenemos un examen diferente:
Charles Chaplin (1899-1977) Actor inglés
Marx Arriaga no necesita un abogado laborista que le asesore en los términos de su finiquito como director de Materiales Educativos de la SEP. Lo que necesita, y con urgencia, es un siquiatra.
Arriaga se enfermó de poder, esa no tan rara enfermedad que padecen los que sin estar preparados en ningún sentido, repentinamente acceden a una responsabilidad ni siquiera de gran envergadura. Tal cual advierte la frase común: se mareó solo de subirse a un ladrillo.
Comunista trasnochado, Arriaga tuvo como único mérito para ser designado en esa área por López Obrador, su cercanía con la esposa de éste, Beatriz Gutiérrez, pero hábil como sin duda es, encontró la manera rápida y efectiva de asentarse en la oficina, presentando un proyecto para ideologizar los libros de texto gratuitos, al amparo de la “nueva escuela mexicana”, que no es otra cosa que abandonar el perfil científico de la educación y de los libros, para volverlos armas ideológicas de la propaganda socialistoide de la 4T.
Libros de texto elaborados sobre las rodillas, mal hechos, con graves fallas de información y hasta de ortografía y elemental sintaxis, pero eficientes vehículos de adoctrinamiento infantil, al estilo cubano, fue el producto que salió durante cinco años de la oficina de Marx Arriaga. López Obrador y su esposa le aplaudieron en su momento, porque iban ad hoc con la visión del tabasqueño: ciencia reducida a su mínima expresión, versus charlatanería ideológica elevada a la máxima.
Pero Arriaga, preso de su soberbia y de la borrachera de poder, se supuso intocable ya en el gobierno de Sheinbaum, y cayó en la estupidez de retarla: ella ordenó que los libros de texto enaltecieran el papel de la mujer en la historia y en la actualidad de México, y Marx no solo la desoyó, sino que advirtió que no acataría la instrucción porque modificar los libros era “atentar contra el obradorismo”.
Enhorabuena por esa reacción: era más de lo que Sheinbaum podía tolerar y ordenó su cese. Afortunadamente.
Pero Marx ya delira y todo el fin de semana se atrincheró en su oficina de la SEP, negándose a salir, transmitiendo sin interrupción en sus redes sociales, cual héroe que resiste al mal gobierno y defiende una causa noble.
Marx Aguirre enloqueció. Le urge atención siquiátrica. Más a favor de Sheimbaum: era urgente su salida. Ahora deberá ir no un policía por él, sino personal médico especializado. Por fin nos deshicimos de un lastre como Marx. Ahora sí, bien por la presidenta con A.
X@jaimelopezmtz
Escrito por Jaime López Martínez
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