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Los dictadores pueden reformar las leyes, pero no las costumbres:
Jacinto Benavente (1866-1954) Dramaturgo español
Por si quedaban dudas del tipo de reforma electoral que prepara la 4T, Pablo Gómez, el vividor eterno del presupuesto público, se ha encargado de disiparlas: adiós a la autonomía del INE o, en buen cristiano, que las elecciones vuelvan a ser organizadas, llevadas a cabo y calificadas por el gobierno. Elecciones de estado, pues.
Este lunes, Gómez no tuvo tapujos para reconocer que no es partidario de la autonomía del INE. El punto es que él fue designado por Claudia Sheinbaum, que a su vez recibió instrucciones de López Obrador, para encabezar la comisión presidencial para elaborar la iniciativa de reforma electoral. Es decir, Gómez no habla por sí únicamente, a título personal. Habla a nombre de López Obrador, de Sheinbaum, del gobierno y de la 4T. Nada más.
Así, se corrobora que la reforma electoral que en los próximos días enviará la presidenta al Congreso de la Unión, con la orden expresa de que no se le cambie una coma, significará el último clavo en el ataúd de la democracia y de las elecciones libres, creíbles y confiables en México. Adiós a ellas, y “bienvenidas” las elecciones de estado, tipo Venezuela, tipo cualquier gobierno que se jacte de ser encabezado por un buen dictador.
Autonomía fue la clave para confiar en el INE durante los últimos treinta años, porque esa cualidad le generó certeza a las elecciones. Con base en esa autonomía, el INE organizó comicios que garantizaron la alternancia y que abrieron el paso incluso al triunfo de la 4T y al tirano López Obrador que, como buen dictador, apenas llegó al poder y comenzó a urdir la reforma que permitiera asegurarse que ya nadie gane elecciones, salvo Morena. Está a punto de lograrlo.
La aprobación de la reforma electoral cerrará el círculo de la cancelación de la democracia, la división de poderes y el derrumbe del estado de derecho: ya no hay jueces autónomos, ya no hay organismos que funjan como contrapesos al poder, ya desde antes no había poder legislativo de verdad, ya no hay nadie que vigile al gobierno y que le ate las manos, de ahí la corrupción desatada. Del sistema democrático no está quedando piedra sobre piedra.
¡A disfrutar lo votado! X@jaimelopezmtz
Escrito por Jaime López Martínez
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